Patrones de diversidad, distribución, usos etnobotánicos y conservación de las palmas de costa rica

Costa Rica es uno de los países tropicales de mayor diversidad biológica. Esta condición ha sido reconocida desde el siglo XIX cuando se inició la exploración sistemática de la biodiversidad del país mediante la contribución de naturalistas extranjeros y locales (Hilje-Quirós, 2013). Avalos (2019b) recientemente analizó el estatus del conocimiento de la diversidad del país. El número de especies estimado para Costa Rica es de 500 mil, siendo los artrópodos (especialmente los insectos) el grupo más diverso con alrededor de 250,000 especies. Si bien la diversidad de otros grupos (plantas vasculares -10,712 especies-, aves -918-920 especies-, mamíferos -252 especies-, reptiles -247 especies-, anfibios -207 especies-) es elevada en comparación con otras regiones del neotrópico, son los insectos los que aportan miles de especies. Por ejemplo, se estima que el número de especies de mariposas diurnas es de 1,549, y el de las polillas es de 11,451 especies (Murillo-Hiller, com. pers.). Otros grupos de insectos tales como los himenópteros son especialmente diversos. Costa Rica posee el 5% de la diversidad biológica del mundo. Esto es sorprendente para un país cuya área continental apenas alcanza los 51,100 km2, y que sin duda posee una de las mayores concentraciones de especies por unidad de área (Kappelle, 2016) y que está dentro de los primeros 20 países más diversos del mundo.
La rica biodiversidad de Costa Rica es el resultado de una compleja historia de intercambios faunísticos y florísticos (Cody et al., 2010), así como de una amplia heterogeneidad climática y topográfica, su amplia exposición a los océanos Atlántico y Pacífico, y su posición geográfica (Burger, 1980). Costa Rica está ubicada entre América del Norte y del Sur, entre 8o02 ́25 ́ ́ y 11o13 ́12 ́ ́de latitud norte, y 82o33 ́48 ́ ́ y 85o57 ́57 ́ ́ de longitud oeste. El país es muy estrecho y está dominado por sistemas montañosos que generan una compleja topografía (Figura 1 y Figura 2). Las cadenas montañosas cruzan el país en dirección NO-SE, y lo dividen en dos vertientes, atlántica y pacífica, casi de igual área (la vertiente del Caribe ocupa 24,395 km2 y la vertiente del Pacífico alcanza 26,585 km2; Herrera, 2016). Estos sistemas montañosos son responsables de la existencia de amplios gradientes altitudinales, cuya variación climática, a través de pequeños cambios en elevación, crean un filtro ambiental que determina el tipo de especies que se establecen en rangos estrechos de este gradiente de acuerdo con diferencias edáficas y una variada topografía (Figura 1). La predominancia de gradientes de elevación, y su efecto sobre la distribución de la flora y la fauna en Costa Rica, ha inspirado una parte importante de la literatura clásica en ecología tropical enfocada en teorías de diversidad y distribución de organismos (por ejemplo, Janzen, 1967; Stevens, 1992).

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